jueves, 5 de marzo de 2009
LA ESTACIÓN
sábado, 31 de enero de 2009
EL COCIDO EN VERSO.
Bien sea por hambre o por antojo
O por mero gozar de la pitanza
Pon chorizo y morcilla de matanza
Con garbanzos echados a remojo.
Si no quieres que el guiso quede cojo
Añádele tocino con templanza
De la parte del gocho que es la panza
Y magro de vacuno, que sea añojo.
Todo ello ha de ponerse a fuego suave.
Si le pones forraje, pon lo justo
Y casi al final de la cocción.
El caldo en abundancia será clave
Pa zamparse tres platos bien a gusto:
La sopa, la legumbre y la ración.
GASTRONOMÍA DE LA VILLA.
Mal que les pese a algunos “gourmet” como “El Loro”, que es uno de los foreros que quieren recuperar la gastronomía de esta villa, hay que reconocer que, en este pueblo, y hasta hace bien poco más que gastronomía lo que teníamos era la imperiosa necesidad diaria de llenar la panza. Es cierto que los que ya tenemos una edad nos dejamos llevar por la nostalgia, incluso la gastronómica. Recuerdo el irrepetible sabor de las patatas aderezadas con carne de la reciente matanza que hacía mi tía Martína y que, aún humeantes, comíamos cuchara en mano y de la misma cazuela colocada en medio de la mesa varios rapaces hambrientos. O aquellas, tan deliciosas, que preparaba mi prima Tina “La Gallinera” mientras a la vez ordeñaba las vacas, daba de cenar a los gochos y nos echaba la bronca por lo tarde que habíamos llegado a casa la noche anterior. Parece increíble que con tan poca atención que aparentemente les prestaba y los pocos condimentos que tenían pudieran estar tan buenas.
Sopas de pan para el desayuno, garbanzos con su ración o alubias para el medio día y patatas con manteca de cerdo o sebo de vaca para la cena ha sido la receta cotidiana durante generaciones en esta villa. El día de la fiesta mayor carne de pollo fibrosa y tirando a negra, esa que ahora no les gusta a los jóvenes “gourmet”. De vez en cuando un extra de carne si había la desgracia de que se muriera una vaca o una oveja y pare usted de contar. Podemos añadir algo de pescado como el bacalao en salazón, el besugo fresco o el congrio. Y al ser nuestra villa de secano nada de pescado de agua dulce salvo las tencas del estanque que no estaban muy bien consideradas.
En resumidas cuentas nuestra gastronomía ha sido más bien escasa, las más de las veces paupérrima. A una economía de subsistencia no se le puede pedir una gastronomía imaginativa. A los alimentos básicos se les condimentaba con lo que había y había poco. No es que nuestra gastronomía no tuviera platos sabrosos, que los tenía, es que era poco variada. Ahora los platos de antaño nos parecen deliciosos, quizás porque los comemos con menos frecuencia. De cualquier manera y si alguien me contradice que lo haga cuando le plazca convidando a una buenas viandas, tradicionales o no, que allí estaremos para hacer una critica de su saber culinario.
Si no quieres que el guiso quede cojo
Añádele tocino con templanza
De la parte del gocho que es la panza
Y magro de vacuno, que sea añojo.
Todo ello ha de ponerse a fuego suave.
Si le pones forraje, pon lo justo
Y casi al final de la cocción.
El caldo en abundancia será clave
Pa zamparse tres platos bien a gusto:
La sopa, la legumbre y la ración.
Algo para leer…
19.- Las uvas de la irá de Jhon Steinbeck.- Desesperados que desearían matar, pero no pueden, a quien creen que es el causante de todas sus desgracias: los bancos. Era la época de la gran depresión y la cosa parece que se repite. La Perla es también muy entretenida.
20.- Las aventuras del valeroso soldado Schwejk de Jaroslav Hasek. Para desternillarse de risa con el patoso soldado.
21.- El hombre unidimensional de Herbert Marcuse. No olvidemos que estamos ante un filósofo. Hay que poner voluntad para leerse este interesante ensayo. El mismo autor Eros y Civilización, también muy interesante.
jueves, 15 de enero de 2009
ECOCOMUNISTAS.
No hace mucho un ex presidente de gobierno de España -si, ése que es muy amigo del ex jefe del imperio- dijo que “los ecologistas son los nuevos comunistas”. Hay quien no puede vivir sin un enemigo, real o inventado, a quien odiar.
Según la teoría de nuestro ínclito ex presidente la gente de esta villa ha sido tozudamente comunista, y ellos sin saberlo, hasta hace no muchos años. Dejó de serlo durante unos pocos y ahora hay de nuevo peligro inminente de la vuelta de ecocomunistas. Puede que alguien piense que desvarío, pero he llegado a esta conclusión tras un sencillo análisis deductivo. Hasta bien entrados los años sesenta del pasado siglo esta villa gozaba de un frondoso monte bajo comunal poblado por robles y encinas que era cuidado con mimo por los vecinos representados por la Junta Vecinal que funcionaba democráticamente a través de los Concejos públicos y rigiéndose por el derecho consuetudinario o costumbre. El monte era lugar de pasto para el ganado y casi la única fuente de energía que abastecía a los vecinos de la madera necesaria para no quedarse tiesos en invierno y cocinar durante todo el año. Tenía, y tiene, Villadangos dos o tres valles u hondonadas verdes y muy divididas en pequeñas huertas o prados que estaban valladas por setos naturales formados por chopos, salgueros, zarzas, agabanzos, endrinos, ciruelos silvestres etc. Las lindes entre las huertas eran comunes a los vecinos colindantes que de común acuerdo se repartían la plantación o reparación del seto o cierro.
Los árboles y arbustos que crecían en la linde eran respetados y mimados porque cumplían a la vez varias funciones: dividían y cerraban las pardelas impidiendo que el ganado pasara de unas a otras no habiendo de esta forma necesidad de guardián; eran almacén de madera (chopos); eran fuente de materia prima para cestas y carriegos (varas de las paleras); protegían al ganado de los rigores del estío etc. Y lo que era muy importante, aunque pasara desapercibido, es que los cierros o setos naturales cumplían una función ecológica poco invisible, pero inestimable, cual era crear un micro ecosistema compuesto por aves, insectos, plantas y pequeños mamíferos que prosperaban a su abrigo creando un hervidero de vida.
Con la llegada del agua abundante, la industrialización del campo y la desaparición de los animales domésticos las huertas y prados dejaron de cumplir su función y los vecinos dejaron de ser ecocomunistas. Tanto es así que por poner un árbol en la linde algunos se sentían, y se sienten, tan molestos que hasta acuden al juzgado de guardia. Las huertas y prados están abandonados y han perdido la mayoría de los setos divisorios junto con la fauna y flora que se cobijaba a su abrigo. Como no son de utilidad inmediata nadie les presta atención y como son privados, las autoridades nada hacen para que la situación cambie. También el monte perdió su razón de ser y entre urbanización e industrialización no es ni sombra de lo que fue.
En el foro de ésta página han aparecido recientemente peligrosas voces de ecocomunistas dando la voz de alarma sobre la escasez de árboles en estos páramos. He aquí otra vez a esos desaprensivos que quieren ecocomunizar el pueblo. He aquí a esos insumisos disidentes que les da por pensar que la tierra es un pequeño planeta frágil y hermoso del que sólo somos temporales y efímeros pasajeros junto con animales y plantas. Hay que terminar con esos tendenciosos ecocomunistas que atentan contra el “progreso” con tan peligrosas intenciones.
Cuando ya sea polvo.
Cuando ya sea polvo,
cuando sea fermento
cuando las bacterias
tapicen mi cuerpo
y sirva de festín postrero
a una abigarrada masa
de hambrientos insectos...
Plantad sobre lo que quede un árbol
que mire hacia el cielo
y con sus raíces abrace mis huesos.
Que los minerales,
que un día fueron músculo,
sangre y esqueleto
trasmuten en ramas,
hojas y fruteros.
en nuevos proyectos,
que siga el misterio.
Algo para leer…
15.- Cuantos de la Alhambra de Whashinton Irving.- Hace mil años que lo leí y me dejó un dulce recuerdo.
16.- Cuentos de Edgar Alan Poe.- Para disfrutar y pasar mucho miedo. Cualquier lectura de este autor es buena, a mi me gustó mucho su novela “Las aventuras de Arthur Gordon Pym”.
17.- El último mohicano de James Fenimore Cooper.- Un clásico de indios y blancos en la lucha por el territorio.
18.- Lolita de Vladimir Nabokov.- Que maravillosamente pérfida puede ser una adolescente que a la vez que chupa chocolatinas está pidiendo guerra al pobre profesor de literatura ya maduro que llega a matar por ella.
jueves, 18 de diciembre de 2008
El Condón
Dos adolescentes entran en una tienda de esas en las que se vende de todo. Se plantan indecisos ante el mostrador y el propietario les pregunta a ver que es lo que quieren. Los chicos se miran entre si y se quedan como alelados. Se suceden unos segundos de tenso silencio ante la mirada interrogante del propietario. Los chicos están nerviosos y sudan. Unos de ellos dice de repente: “Dénos unos caramelos”. Entra un nuevo cliente, pero los muchachos siguen merodeando por la tienda. Cuando el cliente se va, el propietario les vuelve a preguntar si desean alguna cosa más. La pregunta les deja medio paralizados hasta que unos de ellos dice: “Dénos un helado de nata”. Los dos salen de la tienda con su cucurucho en la mano, pero sin aquello que en realidad habían ido a buscar: un condón. La escena, más o menos, es de una hermosa película titulada “Verano del 42”.
Escenas como esta o más chuscas habrán pasado cientos de veces, incluso es posible que nos hayan sucedido a nosotros. A la gente de mi generación, años cincuenta del pasado siglo, pedir un condón (prefiero llamarlo así a profiláctico o preservativo) en una farmacia aún nos resulta incomodo, porque esta goma no se utiliza precisamente para hacer tirachinas y la carga de una mala o nula educación sexual sigue pasando factura. Había farmacias donde a la petición de tal artilugio para echar un polvo te miraban como si pidieras la herramienta para atracar un banco.
Los adolescentes de ahora tienen la suerte de tener más información y se supone que también más formación. Creo que incluso tienen una clase de formación sexual en los colegios donde se les explica como se utiliza este derivado del caucho. Naturalmente mucho mejor que los que tuvimos que aprenderlo a través de cuchicheos maliciosos y sórdidas conversaciones. El oscurantismo era muy oscuro y el tabú sobre todo lo que tuviera que ver con las relaciones sexuales era tabú de los gordos. Los chavales de los pueblos estábamos muy limitados por vivir prácticamente aislados y el acceso a cualquier tipo de información era casi nulo y cuando llegaba estaba muy deformado. A cambio teníamos una formación sobre la sexualidad muy práctica y que no nos podían hurtar, porque a ver quien nos impedía que viéramos follar a los perros o contemplar con curiosidad como el marón se trajinaba a las ovejas del rebaño.
Hasta los años setenta apenas había información escrita sobre educación sexual. Lo poco que sabíamos era de oídas y digamos que de fuentes poco fiables. El primer libro que cayo en mis manos siendo aún preadolescente sobre este tema se titulaba “El libro de la joven”, también existe “El libro del joven”, unos pestiños infectos y tendenciosos donde te pronosticaban que lo menos que te podía pasar si se te ocurría hacerte una manola es que se te cayera la pelila a cachos. La citada década trajo mucho destape cinematográfico y más y mejor información, aunque lograr condones en algunas farmacias, y ya no digo píldoras anticonceptivas, era poco menos que misión imposible. Todavía he visto en los años ochenta al trapichero cutre del mercadillo callejero ir publicitando su mercancía de venta de gomas al grito de: “P’al catarro; p’a la tos ferina; pal lío, tío.”
Hace unos años el ministerio de turno hizo una campaña informativa sobre la utilización de los condones para evitar enfermedades de transmisión sexual o prevenir embarazos no deseados. Los de siempre dijeron lo de siempre: que si era inmoral, que era animar a la promiscuidad sexual etc. Ahora estamos en una nueva campaña para animar al personal a que utilice el condón en sus relaciones sexuales, campaña que han hecho al ritmo de la antimúsica. Aquí les brindo un sencillo eslogan, pero a ser posible con otra música: “ante un posible calentón, lleva contigo un condón”. Y es que ahora, sin tanta represión religiosa y presión social, los chavales follan cuanto y cuando quieren, y hacen bien, pero lo hacen “a pelo” y eso ya no está tan bien, porque trae como consecuencia muchos embarazos no deseados. Uno se queda con cara de pasmo cuando se entera de que hay tanta adolescente preñada. Las conclusiones a sacar son sencillas: o son tontas, o están mal informadas o las dos cosas a la vez, porque lo que son medios e información sobra. Lo que puede que falte es formación.
Si alguna vez voy por la farmacia de Pili y me ve que dudo en el pedido, que me sonrojo y que al final le pido unos caramelos para la tos o unas tiritas, que no piense que lo que quiero son condones, lo que en realidad voy a buscar es viagra.
EL CONDÓN.
Colócate un condón, dulce amor mío,
Y enfúndate la picha toda entera.
Comprende que yo amarte así prefiera
Sin que ambos nos metamos en un lío.
Del coitus interruptus no me fío;
Acepta, por favor, que sea sincera,
Que una vez que está el gato en la gatera
Le cuesta controlar su desvarío.
Piensa que ya tenemos tres llorones,
En lo duro que está ganar la vida,
En el chancro, la sífilis, el sida...
¡Ay, por Dios, corazón, como me pones!
Noto que tu pirula está sudando;
De nuevo sin condón me estás follando.
Algo para leer….
11.- El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. Que historias cuenta este pedazo de maricón.
12.- Moby Dick de Hermann Melville.- Llegarás a amar a la ballena y a odiar al capitán Ahad.
13.- Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain.- Una maravilla que engancha desde el primer momento. Las aventuras de Tom Sawyer, su obra más conocida es también apasionante.
14.- Hojas de hierba de Walt Whitman.- Son poemas que no se han de leer de una tacada sino de vez en cuando y sin avergonzarse de ir entresacando de entre tanta hierba.
sábado, 15 de noviembre de 2008
CICERONES.
Ahora el camino de Santiago es una ruta para viandantes frecuentada en cualquier época del año. Avanzada la mitad del pasado siglo lo transitaban pocos y únicamente en verano. Nuestra villa era solo un lugar de paso, pero mira por donde a un matrimonio alemán se les antojó visitar la iglesia y allí estaba mi padre haciendo de cicerone. No tengo ni la más remota idea de lo que les contó, porque mi padre sabía de arte lo mismo que yo de astrofísica, pero los germanos debieron de quedar contentos porque me atizaron cinco duros de propina (de los de entonces) que fue de los primeros dineros que gané por hacer nada.
A lo largo de mi vida he visitado esos lugares donde un guía o cicerone entra en los detalles de su lugar de custodia y, la verdad, me he encontrado de todo. Cuando viví en San Millán de la Cogolla (Logroño) visitaba con mis compañeros al guardia que custodiaba el monasterio de Suso. Todo un personaje llamado Tarsicio Lejarraga. Escuchaba medio pasmado el entusiasmo con que aquel hombre transmitía la historia y vida de aquellas cuatro piedras y era una delicia oírle recitar los poemas de Gonzalo de Berceo. Hablaba con el entusiasmo del que está identificado con el lugar milenario que guardaba y enseñaba. Para tratarse de un campesino autodidacto era un fuera de serie. Cierto que citaba mucho a Fray Justo Pérez de Urbel, un defensor convencido de los crímenes de la cruzada fascistoide y prolífico autor de libros de historia con mucho amanuense negro de por medio. Quien quiera comprobarlo que se lea las memorias de “Cándido” (Carlos Luís Álvarez), periodista que le escribió el libro titulado Los Mártires de la Iglesia donde no solo plagió sin rubor a Tomás Borrás, autor de Checas de Madrid, sino que se inventó mártires y martirios. Pasó el “nihil obstat” como si nada y por ahí andan esos santos imaginarios en los altares con la firma de Fray Justo. Claro que por entonces ni Tarsicio ni yo conocíamos estos insignificantes detalles.
No hace mucho visité con el autor de esta página el monasterio de Santa María de Sandoval (Villaverde de Sandoval)). Cerca de Mansilla. Era en verano, casi medio día y aquello estaba desierto. Preguntamos a una indolente moza si podíamos visitarlo. Casi sin comentario comenzó a llamar a voz en grito “Abuela, abuelaaa…” Y por allí apareció una señora mayor apoyada en una cachaba, pequeña pero tiesa y con mucho brío. Era la Sra. Munda. Noventa primaveras a sus espaldas y otras tantas a la orilla de aquel monasterio que conocía mejor que cualquier conservacionista de nuestro patrimonio artístico y quería como si fuera su hijo. Noventa años y trasmitía el mismo entusiasmo que si lo estuviera enseñando a los primeros curiosos turistas. Una delicia de anciana cicerone.
La cruz de los cicerones me la encontré en el Monasterio de Moreruela (Zamora) Cuando llegué una tarde solo había unas vacas pastando en un prado vecino y un guardián manco y malencarado a quien le costó contestar al saludo de las buenas tardes. A aquel tipo le daba igual custodiar aquellas piedras centenarias, otrora llenas de vida y vidas, que un montón de morrillos.
En nuestra villa también tenemos cicerone para enseñar la iglesia. Es Benito (“Potencias”). Creo que hasta lo hace gratis. Y ya es raro, porque ahora si quieres visitar cualquier iglesia te tienes que rascar el bolsillo. Sin ir más lejos este verano en un paseo matutino por Astorga quise visitar la catedral. Estaba cerrada a cal y canto. Parece ser que solo está abierta en las horas de culto y a esas horas hay que andar de puntillas. A lo más interesante, su coro, está prohibido el paso. Será que no quieren que la gente curiosee en las misericordias hasta dar con esa donde hay una pareja (el y ella) en plan 69. No sé como se defenderá Benito con su charla sobre la iglesia de nuestra villa, pues ya es difícil sacarle el jugo a algo que lo único que tiene de interesante es el atrio, los bajorrelieves de una inexistente batalla en la puerta que la franquea y un retablo churri pero que muy churrigueresco con el Matamoros en el centro cortando cabezas a troche y moche. Con idea de incrementar las visitas, y ya que no tenemos coro con misericordias, a lo mejor no vendría mal colocar una pareja esculpida en pleno acto fornicatorio el altar de la Purísima, por ejemplo. Teniendo en cuenta que en el altar mayor está Santiago segando cabezas las dos estampas no desentonarían si se considera que Eros y tánatos son dos obsesiones vitales que se complementan.
Algunos libros para leer….
7.- Ulises de James Joyce.- Es una putada recomendar este libro nada fácil de leer, pero hay que leerlo. Menos complicada es Dublineses.
8.- Los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift.- Siempre de actualidad. Una delicia para niños y adultos.
9.- El Corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Asfixiante.
10.- Cumbres borrascosas de Emily Borontë. Autora de una sola novela, creo, pero un novelón.
domingo, 26 de octubre de 2008
CITAS CON LAPARCA
Ser monaguillo significaba convertirse en protagonista involuntario de algunos eventos notables como bautizos, bodas y entierros. Los niños no suelen acudir a los entierros. Los adultos tratan de evitar que incluso los infantes más cercanos del difunto acudan a acompañarlo al último viaje, pero si eras monaguillo no te podías librar y allí estabas, en primera fila a pié de tumba, con el incensario o el hisopo preparado para su empleo por el cura en el momento preciso o con el bonete vuelto al revés para que los deudos aflojaran el bolsillo mientras Don José desgranaba padrenuestros.
Durante los años de mi infancia vi de cerca la muerte con frecuencia y, aunque no me familiaricé con ella, siempre me pareció que no se fijaba en mí porque tenía esa falsa percepción de que siempre se mueren los demás. Pero ha habido dos entierros que me dejaron más huella. Era hermosa la tarde de aquel día en que enterramos a Eulogio que era un joven maquinista de RENFE y que murió como consecuencia de un accidente ferroviario. Creo que estaba casado con una de las hijas del tío Esteban (“Vinagre”), quien tenía una pequeña industria de manufactura de paja en la estación. En el sepelio estaban desde el más grande al más chico de la desolada familia. El bonete del cura casi rebosó entre calderilla y papel. “Colasín” no dejo de entonar paternóster mientras duró la generosidad de la acomodada familia.
El día que enterramos al suegro de Jaimito, ya también fallecido, soplaba un viento de cierzo con intensas rachas de lluvia. La tumba, cavada en la tierra viva, tenía más de un palmo de agua y el ataúd casi flotaba en aquel amasijo de agua y barro. Todos los sepelios parecen largos, al único al que no se le hacen largos es al difunto, pero aquel parecía interminable y el cortejo fúnebre salió pitando antes de que el cura entonara el último de los escasos padrenuestros y unas ajadas flores quedaran de mala manera sobre el lomo de la tumba.
Nada tiene que ver el aséptico y marmóreo cementerio actual con el de mis años de monaguillo. Nada queda de aquellas tumbas cavadas en la tierra y ornamentadas con una cruz de hierro o cemento que ha borrado el tiempo y el olvido. Tina (“La Gallinera”), sabiendo que tenía ya los días contados, nos instaba a los más allegados para que no nos olvidáramos de llevarle flores a la tumba. No se si las flores le importaban mucho, tal vez lo que temía era caer en el olvido, porque si duro es aceptar la muerte física es más duro aceptar que nadie te recuerde, lo cual suele suceder unas décadas después del óbito. De vez en cuando cumplo con el deseo de mi prima, aunque el rito de las flores siempre me ha parecido más una vanidad de los vivos que un homenaje a los muertos. A mis posibles deudos ya les he advertido de que cuando llegue el momento nada de flores, aunque me temo que mi deseo no será tenido en cuenta porque “muérete y verás”. Y mientras llega el inevitable momento sigo las recomendaciones del poeta latino Horacio y procuro disfrutar del “carpe diem” y ya de paso me consuelo riendo con la ocurrencia de aquel cachondo que decía que para los hombres la muerte es el estado ideal porque primero se te pone todo tieso y luego empieza el polvo eterno.
MORTAJA DESNUDA.
No deseo flores lacias en la caja,
Morada de mi último paseo.
Fuera cualquier ramajo tosco y feo
Con trenzados de plástico o de paja.
Al diablo tanto ornato y zarandaja,
Tanto superfluo adorno fariseo.
Mesurado ha de ser el ajetreo
Donde pose desnuda mi mortaja.
Me basta un ramillete de ternura
Que quede fondeado como un pecio
Allí en el corazón de los que amé.
Aunque yo pudra ya en la sepultura,
Si estoy en su memoria y en su aprecio,
Sé que mientras vivan, viviré.
Algunos libros para leer…
2.- Poemas y Canciones de Bertolt Brecht.- Es fácil de leer, incluso para los que no gustan de leer poesía. El poema “Loa al estudio” merece ser leída a menudo.
3.- El Proceso de Franz Kafka.- Este debería ser de obligada lectura en la facultad de derecho y en todos los lugares donde hay burócratas. Del mismo autor La metamorfosis. No son de lectura fácil.
4.- El lobo estepario de Hermann Hesse.- Puede que sea un libro para adolescentes, pero si no lo eres también te va a resultar placentero.
5.- Aforismos de Lichtenberg.- Una delicia que ha de leerse en pequeñas dosis para no indigestarse de tantas reflexiones atinadas.
6.- Robinsón Crusoe de Daniel Defoe.- Un clásico para disfrutar. Y para pasárselo de rechupete Venturas y desventuras de la famosa Molly Flanders del mismo autor.
