domingo, 10 de mayo de 2009

ELOGIO DE LA VAGANCIA



Mi primo Froilán solía distinguir entre vagos, a secas, y vagos con conocimiento. Nunca creí que la diferencia necesitase una aclaración y personalmente nunca se la pedí aunque me inclino a pensar que al vago con conocimiento podríamos definirlo como aquel que sabe lo que no quiere hacer.

Al vago con conocimiento no es que no le guste el trabajo, que no le gusta, lo que de verdad no le gusta es la obligación de trabajar. En caso de extrema necesidad remolonea y deja que lo haga otro más capacitado, auque le tilden de inútil o precisamente buscando que le coloquen el sambenito de inútil a perpetuidad.

Durante siglos, esos que viven del altar, inculcaron la idea de que el trabajo es un castigo divino. (Génesis 3,19) y por si acaso alguien lo ponía en duda lo apuntalaron con aquello de que “el trabajo dignifica al hombre”. Esta es una magnifica idea que les ha venido bien a cualquier tipo de orden político, desde los llamados democráticos hasta los de cualquier dictadura llámese teocrática, militar o seudo comunista. El colmo de la burla estaba escrito a la entrada de los campos de concentración nazis con enormes carteles que decían el trabajo os hará libres. Y tanto, libres y hechos polvo.

Pero la naturaleza humana es tozuda y en cuanto a cualquier mindundi se le deja libertad para pensar y actuar, se vuelve protestón y cuestiona lo incuestionable. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo, que cada vez hay más gente que le da por pensar que tanto trabajar ¿pa que?. Esta idea expandida es mucho peor que la gripe de la peste porcina y habrá que atajarla cuanto antes.

El peligro del vago con conocimiento no es que no trabaje, sino que trabaje lo justo para ir tirando. A veces el vago con conocimiento parece que tiene una incesante actividad, y efectivamente la tiene, pero con el agravante que hace lo que le sale de los tutos y esto es intolerable para cualquier régimen político, incluso para al capitalista.

Podría poner varios ejemplos de vecinos de esta villa con el síndrome de vagos con conocimiento, pero como quiera que algunos se iban a molestar porque todavía no se han liberado de la idea de que “el trabajo es salud”, voy a dar dos o tres nombres de "sospechosos" de pertenecer al cuadro con el síndrome de la vagancia. Uno de ellos es Juanjo, el hijo de Froilanín (alias El Loro). Este es un caso perdido porque lleva el mal en los genes. Otro es Antonio (Alias Toño Vaca, alias Toño El Patrón). Este hombre parece que está siempre haciendo algo, pero que quieren que les diga, para mi un tipo que huye del horario como de la peste, que es capaz de tirarse treinta horas seguidas regando remolacha y mientras llega el agua y no llega tumbarse panza arriba en el surco mirando La Vía Láctea (Alias El Camino de Santiago, ¡hay que joderse!, ni las estrellas se libran del mote) pensado aquello de ¿de donde hostias venimos, que pedazo de mierdajo somos y a donde cojones vamos?, pues eso, que me resulta muy sospechoso de padecer el mencionado síndrome. Por último nombraré al director de esta página Felix (alias Ferretas). Este es de los que desde el primer momento de tener que ganarse su propio garbanzo empezó a currar con febril actividad las más variopintas ideas para librarse de currar y en ello sigue.

Ser vago en estos tiempos no es fácil y ser un vago con conocimiento, menos. Hasta los vagos más vagos tenemos que hacer frente a créditos e hipotecas y a la dura tarea de mal subsistir. Ser un vago con conocimiento es una filosofía de vida practicada por aquellos que piensan que si no hacen lo que quieren o no viven como quieren, al menos no hacen lo que no quieren o no viven como no quieren.


ELOGIO A LA VAGANCIA

No hay cosa que le de más repugnancia
A mi cuerpo tunante y jaranero
Que aguantar al cretino mensajero
Que hace del trabajo militancia.

Prefiero deleitarme en la vagancia
Dependiendo lo justo del dinero
Sin hacerme adicto o prisionero
Del curre desmedido o la abundancia.

Hay muchos que censuran mi actitud
Mientras tachan de vicio o de pecado
Aquello que detesto o que no hago.

Yo, por contra, lo tengo por virtud
Sabiendo que el cielo ya he probado
Siendo lo que soy, osease: un vago.



Algo para leer…

27.- Del paro al ocio de Luís Racionero. Un interesantísimo ensayo, por lo menos así me lo pareció, sobre el currelo y el no currelo.

28.- El Derecho a la pereza de Paul Lafarque.- Carlos Marx dale que te pego con El Manifiesto Comunista hablando de explotación y plusvalía y de pronto llega el tal Paúl a saludarlo y ya de paso se quiere trajinar a una de sus hijas. Y Don Carlos le dice que na de na, que le ve pinta de vago y que todo ha de hacerse sobre seguro y con papeles. Anda que no le costó a Paúl llevarla al catre. Pues si, Paúl consideraba que el currante además de percibir sus plusvalías debería de tener un tiempo para echarse a la bartola y parece que está idea no le parecía bien ni al Sr. Marx.

29.- Buenos días, pereza de Corinne Maier. Esta buena señora mantiene que ni por asomo te creas aquello de que tu empresa es una gran familia y que tú formas parte de ella. Si eres empleado siempre serás la chacha. Incluso osa predicar que “si trabajando no tienes nada que ganar, tampoco tienes gran cosa que perder si no das golpe”. Siendo, como es, economista y psicoanalista a lo mejor hay que pensar en hacerle caso. En la misma línea están Un vago, dos vagos, tres vagos de El Gran Wyoming donde se hace una extensa clasificación de los vagos y Adictos a la pereza de Alicia Misrahi Una buena e ilustrativa guía para gandulear.

Si por casualidad no te gustara leer siéntate a contemplar unos cuantos episodios de Los Simpson para aprender algo de esos dos perros que son Homer Simpson y su Hijo Bartolo

jueves, 30 de abril de 2009

EL CAMINO



Que se nombre a Villadangos como referencia geográfica en los múltiples libros que hay publicados sobre el Camino de Santiago no es raro, pero que se haga en un libro de lujo y de gran formato con la mayoría de sus páginas a todo color no deja de ser sorprende habiendo, como hay, muchos pueblos en el tradicional Camino que aventajan a nuestra villa con múltiples encantos. Así que mis ojos no daban crédito cuando me encontré a la iglesia de nuestra villa profusamente ilustrada en un libro de estas características.
La clave de tanto despliegue cromático (el libro le dedica diez páginas a todo color a León capital, cinco a Astorga y nada menos que otras cinco a Villadangos) me la dio su breve texto donde dice que al peregrino visitante le atendió “un cura afable”, que por entonces era Cesar. El autor del libro pasó por aquí un buen día, entabló conversación con el cura y el buen trato del clérigo y su buena disposición hicieron el milagro de tanto colorín, porque otra explicación no cave.
Cuento esto porque en cierta ocasión leí en el foro de esta página la opinión de alguien a quien no le parecía nada bien que los peregrinos se desviasen hacia Villar o Chozas en lugar de hacer el camino tradicional a través de nuestra villa. Por la misma razón de que todos los caminos conducen a Roma también conducirán a Santiago y el caminante elegirá el que mejor le parezca.
Nuestra villa está en el Camino porque es el lugar de paso tradicional, pero el mérito sería que no estando en el Camino hubiera que dar un rodeo para visitarla. Al caminante, al peregrino, al visitante, al turista hay que ganárselo. No se le puede considerar como a un anónimo portador de callado y mochila que hace su desembolso económico en la villa y desaparece. Cada visitante es único y como tal lo tenemos que tratar. Cada peregrino es un acopio de cultura, experiencias y vivencias que nos pueden enriquecer y nosotros tenemos que procurar dejar una huella en su memoria que les motive a transmitir a otros que no solo pasó por Villadangos sino que algo de Villadangos quedó en ellos. Al peregrino no lo podemos considerar como un mero valor económico, sino como un bien cultural que nos aporta algo y a quien algo aportamos. Y si no estoy en lo cierto que le pregunten a Froilán (alias Babaruso, alias Golondrino) que tiene en esto su propia experiencia porque creo que ha sido el único de la villa que con un par ha hecho el Camino desde Roncesvalles hasta Santiago de una tacada.
Si queremos que los peregrinos sigan pasando por el camino tradicional y cruzando por nuestra villa habrá que copiar, para empezar, las buenas maneras del cura Cesar. Adecentar el pueblo y que las casas estén bien acicaladas hace también lo suyo. Si además están adornadas con flores tan bonitas como las suele tener Chonina o Gila pues es un buen añadido. Podrían hacerse muchas cosas para mejorar el pueblo. Algunas son competencia de nuestros munícipes, otras están en manos de los vecinos a pequeño coste o coste cero. Para ello tiene que haber iniciativa, ganas e imaginación.


El Camino de Santiago

Por los campos y pueblos del Camino
Con la mente en el “campo de la estrella”
Recibe y a la vez deja su huella
En fugaz procesión el peregrino.

Hay quien busca la fe como destino.
Hay quien peregrina ya con ella
Y hay quien quiere que brille una centella
Mientras hace su largo andar cansino.

Peregrino que cruzas por Castilla
Andando y desandando sus caminos
En busca de la estrella allá en su ocaso,

Espero que al cruzar por esta villa
te lleves el calor de sus vecinos
Y nos dejes la impronta de tu paso.


Algo para leer…

24.- El Decamerón de Giovanni Boccaccio.- Unos cuantos muy divertidos y muy calentitos que no aburren a nadie.

25.- El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.- Una novela que apasiona. La película que dirigió Luchino Visconti basándose en esta novela es también maravillosa con una Claudia Cardinale pletórica de sensualidad y un Alain Delón que me gusta hasta a mí que no tengo nada de sarasote. Burt Lancaster en el papel de príncipe está que se sale.

26.- El camarada Don Camilo de Giovanni Guareschi.- Puede que se haya quedado un poco trasnochado pero las relectura de las aventuras del cura Don Camilo y el alcalde comunista Pepone a mi me siguen divirtiendo de lo lindo.

jueves, 2 de abril de 2009

DE PROCESIONES



Hará como un par de años caí, por casualidad, en Santa Marina del Rey uno de los días de la llamada Semana Santa. Por sus calles desfilaban en solemne procesión varios de los llamados “pasos” a hombros de los “papones”, escoltados por señoras con sus mantillas, peinetas y rosarios. El desfile iba presidido por los clérigos y autoridades municipales a quienes se les veía muy metidos en su papel. Mis ojos no daban crédito a tal boato y fervor religioso.
Otro tanto me sucedió en León capital el pasado año. Situado en los aledaños del llamado Arco de la cárcel contemplé desfilar una docena de pasos con sus correspondientes cofradías. Todos los participantes iban impecablemente vestidos en plan Ku-Kux-Klan, pero de morado. Ellas, con elegantes vestidos negros con bordados y calados que parecían de diseño. Muchos papones llevaban a hombros a sus más tiernos retoños vestidos de la misma guisa.
Sin duda mi sorpresa ante estas manifestaciones religiosas deviene de que soy poco procesionario, pero no dejo de ver con curiosidad a estas masas enfervorecidas participando en este gran teatro de religiosidad pública. Aquellos que pensábamos que la restauración democrática daría al traste con tanta exhibición de duelo, hemos tenido que rectificar. Las procesiones de la Semana Santa están más vivas que nunca, y no sólo en Andalucía, de honda tradición y de indudable atracción turística, sino en el resto de España donde tradición e imposición se confundían. Ahora hasta Santa Marina del Rey edita pasquines con sus procesiones como una atracción turística local.
Puestos a elegir procesión me inclino por la de Genarín, procesión poco ortodoxa que hace su recorrido por algunas calles de León capital en la noche del Jueves Santo. Quien quiera saber más sobre este santo laico, buscavidas, pendenciero, borrachín, amigo de putas, puteros y gente mal (bien) vivir puede echar un vistazo por la red o leerse el libro de Llamazares abajo cito. Quien piense que esta procesión es solo para pescar una borrachera va un tanto errado. Mientras las precesiones religiosas sacan en andas a sus cristos crucificados y a sus vírgenes compungidas que no recuerdan sino dolor y muerte, la procesión de Genaro es un canto a la alegría de vivir y la libertad de pensar.
Hace años que no asisto a las procesiones de esta villa. Las recuerdo aburridas y con poca sustancia. Lo más emocionante de todo aquel teatro era la procesión “del encuentro” que se reducía a la pantomima de tal entre un Cristo y una Virgen Dolorosa mientras el cura desgranaba paternóster. Nunca vi por aquí gente descalza o portando pesadas cruces o que se diera de latigazos en sus desnudas espaldas. Como sigamos así ni vamos a ganar el cielo ni vamos a ganar turistas.

Genarín.

Infausto fue aquel viernes de amargura
Que aliviando tu vientre en la muralla
Sufriste la envestida de un canalla
Conductor del camión de la basura.

Palmaste con el temple y la mesura
Esperada de un hombre de tu talla
Sin saber que la vida que se acalla
Colmaría de leyenda tu figura.

Perdiste, pellejero, tu pelleja
Ahíto de conejo y buen orujo
Destripado en la calle como un perro.

Como, quien nada tuvo, nada deja,
Te bastó con dejar tu solo embrujo
A una noche, la noche de tu entierro.

Algo para leer…

21 bis.- El Entierro de Genarín de Julio Llamazares. Historia de esos personajes que no se repiten y diversión a raudales.

22.- Rojo y Negro de Stendhal.- Me gustó, pero también es muy entretenido La Cartuja de Parma y un menos conocido ensayo Sobre el amor.

23.- Cándido y otros cuentos de Voltaire.- Los curas de mi época describian a este autor con rabo y cuernos. Decían que era un impío pero que a la hora de morir pedía confesión a gritos. Esto no debe de acercarse mucho a la verdad pero aunque así fuera a ver quien es el guapo que teniendo a la Parca reclamandote y a Caronte a punto de partir con tu alma al mundo del Letos no desea creer en lo que se duda o incluso se niega. Su Diccionario Filosófico es magnifico y para tomar en pequeñas dosis.

jueves, 5 de marzo de 2009

LA ESTACIÓN

Con la edificación del instituto y varias viviendas parece como que el barrio de la estación se hubiera acercado al pueblo. En otro tiempo la estación estaba lejísimos. Si había que tomar el tren para ir a León suponía su buena media hora larga de caminata hasta llegar allí. Franquear la laguna de la puente era un considerable obstáculo del que no te librabas de embarrarte hasta los tobillos. A continuación estaba la pedregosa cuesta y un camino de tierra entre tierras centenales. Siempre me pareció heroico el sacrificio que suponía para Rufino "Fino", el hijo de Godo, y los demás chavales que vivían en este barrio, el acudir todos los días a la escuela, sobre todo en los fríos días de invierno. Lo primero que se divisaba era el taller de Pepe "El Carrero" y ya entrando en la población, casi siempre desierta, y a la derecha el vallado de traviesas de madera terminadas en forma de pirámide con ese olor característico de los productos con que las impregnaban para evitar la corrosión y los xilófagos. Al final de la valla y a su izquierda estaba la cantina de Chelo, un pequeño habitáculo donde los ferroviarios se tomaban su refrigerio y los ocasionales viajeros esperaban la llegada del tren. Los trenes regionales no se retrasaban mucho pero los de largo recorrido, cual era el de Barcelona-Coruña podía tener un retraso de horas. Los viajeros entraban en el habitáculo donde Rey era el rey para preguntarle "¿Qué, cuanto retraso tenemos?". De vez en cuando pasaba un mercancías que estacionaba cansino en la vía de espera para que pasara otro más rápido y allí salía Rey con su gorra, su bandera roja y su silbato demostrando toda su autoridad y diciéndole al maquinista cuando tenía que poner en marcha aquella interminable fila de vagones de madera. Ir al barrio de la estación siempre fue para mí un viaje cargado de ilusión porque los trenes siempre me han fascinado. Es difícil expresar lo que se siente viendo acercarse a lo lejos a esa inmensa locomotora seguida de vagones, el trasiego de los viajeros subiendo y bajando, el jefe de estación ejerciendo de tal, el pitido de partida hacia el infinito de la interminable vía. Hay un revuelo de nostalgia por cada tren que se ve partir, aunque sea un mercancías. Esa magia de sensaciones solo la puede producir, al menos en mí, un lugar en esta villa: su estación.

sábado, 31 de enero de 2009

EL COCIDO EN VERSO.

Estaba tan contento creyendo que todo había salido bien y de repente veo que esto de la informática juega malas pasadas, así que repito el soneto que va debajo y que ha quedado mutilado con la falta del primer cuarteto. Ahí va y mil perdones por la repetición


Bien sea por hambre o por antojo
O por mero gozar de la pitanza
Pon chorizo y morcilla de matanza
Con garbanzos echados a remojo.

Si no quieres que el guiso quede cojo
Añádele tocino con templanza
De la parte del gocho que es la panza
Y magro de vacuno, que sea añojo.

Todo ello ha de ponerse a fuego suave.
Si le pones forraje, pon lo justo
Y casi al final de la cocción.

El caldo en abundancia será clave
Pa zamparse tres platos bien a gusto:
La sopa, la legumbre y la ración.

GASTRONOMÍA DE LA VILLA.


Últimamente estoy viendo en el foro de esta página un especial interés por la gastronomía o mejor podríamos decir por el papeo, el buen yantar. Incluso hay quien aboga por la recuperación de los platos tradicionales de esta villa. Como es sabido la inclinación desmedida al disfrute de la vianda nos lleva sin remisión al pecado capital de la gula, un pecado por el que en esta villa jamás debió de ir nadie a las calderas de Pedro Botero porque durante toda mi vida de católico practicante jamás oí de nadie de esta villa que pecara de gula. Yo mismo siempre llevé carraos hasta las pernillas de lujuria, envidia, pereza… pero de gula, jamás.

Mal que les pese a algunos “gourmet” como “El Loro”, que es uno de los foreros que quieren recuperar la gastronomía de esta villa, hay que reconocer que, en este pueblo, y hasta hace bien poco más que gastronomía lo que teníamos era la imperiosa necesidad diaria de llenar la panza. Es cierto que los que ya tenemos una edad nos dejamos llevar por la nostalgia, incluso la gastronómica. Recuerdo el irrepetible sabor de las patatas aderezadas con carne de la reciente matanza que hacía mi tía Martína y que, aún humeantes, comíamos cuchara en mano y de la misma cazuela colocada en medio de la mesa varios rapaces hambrientos. O aquellas, tan deliciosas, que preparaba mi prima Tina “La Gallinera” mientras a la vez ordeñaba las vacas, daba de cenar a los gochos y nos echaba la bronca por lo tarde que habíamos llegado a casa la noche anterior. Parece increíble que con tan poca atención que aparentemente les prestaba y los pocos condimentos que tenían pudieran estar tan buenas.

Sopas de pan para el desayuno, garbanzos con su ración o alubias para el medio día y patatas con manteca de cerdo o sebo de vaca para la cena ha sido la receta cotidiana durante generaciones en esta villa. El día de la fiesta mayor carne de pollo fibrosa y tirando a negra, esa que ahora no les gusta a los jóvenes “gourmet”. De vez en cuando un extra de carne si había la desgracia de que se muriera una vaca o una oveja y pare usted de contar. Podemos añadir algo de pescado como el bacalao en salazón, el besugo fresco o el congrio. Y al ser nuestra villa de secano nada de pescado de agua dulce salvo las tencas del estanque que no estaban muy bien consideradas.

En resumidas cuentas nuestra gastronomía ha sido más bien escasa, las más de las veces paupérrima. A una economía de subsistencia no se le puede pedir una gastronomía imaginativa. A los alimentos básicos se les condimentaba con lo que había y había poco. No es que nuestra gastronomía no tuviera platos sabrosos, que los tenía, es que era poco variada. Ahora los platos de antaño nos parecen deliciosos, quizás porque los comemos con menos frecuencia. De cualquier manera y si alguien me contradice que lo haga cuando le plazca convidando a una buenas viandas, tradicionales o no, que allí estaremos para hacer una critica de su saber culinario.
EL COCIDO EN VERSO

Si no quieres que el guiso quede cojo
Añádele tocino con templanza
De la parte del gocho que es la panza
Y magro de vacuno, que sea añojo.

Todo ello ha de ponerse a fuego suave.
Si le pones forraje, pon lo justo
Y casi al final de la cocción.

El caldo en abundancia será clave
Pa zamparse tres platos bien a gusto:
La sopa, la legumbre y la ración.


Algo para leer…

19.- Las uvas de la irá de Jhon Steinbeck.- Desesperados que desearían matar, pero no pueden, a quien creen que es el causante de todas sus desgracias: los bancos. Era la época de la gran depresión y la cosa parece que se repite. La Perla es también muy entretenida.

20.- Las aventuras del valeroso soldado Schwejk de Jaroslav Hasek. Para desternillarse de risa con el patoso soldado.

21.- El hombre unidimensional de Herbert Marcuse. No olvidemos que estamos ante un filósofo. Hay que poner voluntad para leerse este interesante ensayo. El mismo autor Eros y Civilización, también muy interesante.


jueves, 15 de enero de 2009

ECOCOMUNISTAS.


No hace mucho un ex presidente de gobierno de España -si, ése que es muy amigo del ex jefe del imperio- dijo que “los ecologistas son los nuevos comunistas”. Hay quien no puede vivir sin un enemigo, real o inventado, a quien odiar.

Según la teoría de nuestro ínclito ex presidente la gente de esta villa ha sido tozudamente comunista, y ellos sin saberlo, hasta hace no muchos años. Dejó de serlo durante unos pocos y ahora hay de nuevo peligro inminente de la vuelta de ecocomunistas. Puede que alguien piense que desvarío, pero he llegado a esta conclusión tras un sencillo análisis deductivo. Hasta bien entrados los años sesenta del pasado siglo esta villa gozaba de un frondoso monte bajo comunal poblado por robles y encinas que era cuidado con mimo por los vecinos representados por la Junta Vecinal que funcionaba democráticamente a través de los Concejos públicos y rigiéndose por el derecho consuetudinario o costumbre. El monte era lugar de pasto para el ganado y casi la única fuente de energía que abastecía a los vecinos de la madera necesaria para no quedarse tiesos en invierno y cocinar durante todo el año. Tenía, y tiene, Villadangos dos o tres valles u hondonadas verdes y muy divididas en pequeñas huertas o prados que estaban valladas por setos naturales formados por chopos, salgueros, zarzas, agabanzos, endrinos, ciruelos silvestres etc. Las lindes entre las huertas eran comunes a los vecinos colindantes que de común acuerdo se repartían la plantación o reparación del seto o cierro.

Los árboles y arbustos que crecían en la linde eran respetados y mimados porque cumplían a la vez varias funciones: dividían y cerraban las pardelas impidiendo que el ganado pasara de unas a otras no habiendo de esta forma necesidad de guardián; eran almacén de madera (chopos); eran fuente de materia prima para cestas y carriegos (varas de las paleras); protegían al ganado de los rigores del estío etc. Y lo que era muy importante, aunque pasara desapercibido, es que los cierros o setos naturales cumplían una función ecológica poco invisible, pero inestimable, cual era crear un micro ecosistema compuesto por aves, insectos, plantas y pequeños mamíferos que prosperaban a su abrigo creando un hervidero de vida.
En aquella comunidad de ecocomunistas se colaba a veces algún saboteador como fue el caso de un vecino que tenia una huerta colindante con una de mi padre. Como era costumbre convinieron dividirse la linde para que cada uno cerrara una parte y plantara sus chopos. Así lo hicieron. Llegó la primavera y mi padre veía como los chopos del vecino prosperan con sus verdes y trémulas hojas al viento mientras que los suyos no terminaban de arrancar y estaban medio secos. El misterio se resolvió el día que mi padre pescó al vecino in fraganti y muy atareado moviendo los jóvenes chopos para impedir su enraizamiento. Como es de suponer mi padre intentó agarrar a aquel hijo de Caín para darle una lección de hostiología, pero el arboricida era entonces un chaval muy joven y ágil, así que temiendo por su integridad física hizo los mil metros cierro más rápidos de la historia hasta perderse al final de las huertas. De aquella se salvó de que mi padre le partiera el cráneo y por ahí anda aún este meneador de chopos.

Con la llegada del agua abundante, la industrialización del campo y la desaparición de los animales domésticos las huertas y prados dejaron de cumplir su función y los vecinos dejaron de ser ecocomunistas. Tanto es así que por poner un árbol en la linde algunos se sentían, y se sienten, tan molestos que hasta acuden al juzgado de guardia. Las huertas y prados están abandonados y han perdido la mayoría de los setos divisorios junto con la fauna y flora que se cobijaba a su abrigo. Como no son de utilidad inmediata nadie les presta atención y como son privados, las autoridades nada hacen para que la situación cambie. También el monte perdió su razón de ser y entre urbanización e industrialización no es ni sombra de lo que fue.

En el foro de ésta página han aparecido recientemente peligrosas voces de ecocomunistas dando la voz de alarma sobre la escasez de árboles en estos páramos. He aquí otra vez a esos desaprensivos que quieren ecocomunizar el pueblo. He aquí a esos insumisos disidentes que les da por pensar que la tierra es un pequeño planeta frágil y hermoso del que sólo somos temporales y efímeros pasajeros junto con animales y plantas. Hay que terminar con esos tendenciosos ecocomunistas que atentan contra el “progreso” con tan peligrosas intenciones.


Cuando ya sea polvo.

Cuando ya sea polvo,
cuando sea fermento
cuando las bacterias
tapicen mi cuerpo
y sirva de festín postrero
a una abigarrada masa
de hambrientos insectos...
Plantad sobre lo que quede un árbol
que mire hacia el cielo
y con sus raíces abrace mis huesos.
Que los minerales,
que un día fueron músculo,
sangre y esqueleto
trasmuten en ramas,
hojas y fruteros.
Que avance la vida
en nuevos proyectos,
que siga el misterio.


Algo para leer…

15.- Cuantos de la Alhambra de Whashinton Irving.- Hace mil años que lo leí y me dejó un dulce recuerdo.

16.- Cuentos de Edgar Alan Poe.- Para disfrutar y pasar mucho miedo. Cualquier lectura de este autor es buena, a mi me gustó mucho su novela “Las aventuras de Arthur Gordon Pym”.

17.- El último mohicano de James Fenimore Cooper.- Un clásico de indios y blancos en la lucha por el territorio.

18.- Lolita de Vladimir Nabokov.- Que maravillosamente pérfida puede ser una adolescente que a la vez que chupa chocolatinas está pidiendo guerra al pobre profesor de literatura ya maduro que llega a matar por ella.