miércoles, 9 de septiembre de 2009

Chile, 11 de Septiembre de 1973.


Uno de los personajes que encabeza este escrito liquidó al otro. Si tiene usted un niño a mano pídale que lo identifique, casi seguro que no errará. Ocurrió un 11 de Septiembre de 1973 mientras me desriñonaba arrancando las habas de “Froilanín” junto al Ayuncar.
Salvador Allende contó con mi aprecio desde que comencé a saber de él en la prensa de la época. Será por la malsana propensión a inclinarme por los perdedores. Era yo muy joven y Chile estaba muy lejos, pero me producía una especial satisfacción que un gobierno democrático y popular le plantara cara a una oligarquía instalada en el poder desde la conquista. Claro que la alegría duró poco.
¿Cómo se derriba a un gobierno popular en un país donde el casi 100% de la tierra está en manos de un 3% de la población; donde la minería y las grandes industrias están en manos de multinacionales gringas? Es fácil. Se le asfixia económicamente hasta que el descontento sea tal que sus propios afines se vuelvan en contra. Se dota a grupos violentos con abundantes medios y armas para que siembren el terror en la calle. Se crea un clima social de desastre absoluto mediante huelgas, manifestaciones y algaradas callejeras. Finalmente se instiga a los militares para que solucionen ese caos y eliminen a los opositores.
Es sabido que el plan fue minuciosamente trazado desde USA por su entonces presidente Richard Nickson (alias “Ricardito el Mentiroso”), adyecto personaje que ya apuntaba maneras fascistoides cuando en los años cincuenta formó parte del tribunal que enjuició a varios artistas de Hollywood en la llamada “Caza de brujas” de la época de McCarthy. Respaldado e instigado por su no menos abyecto secretario de estado Henry Kissinger, paradójicamente con un flamante Nóbel de la Paz en sus vitrinas a pesar de los miles de muertos en su haber. Respaldado, instigado, maquinado y dirigido por el entonces embajador de USA en Chile, otro tipo repulsivo que sembró de horror y muerte todos los países de América Latina por donde pasó.
El plan fue finalmente perpetrado por el felón e infame militarote de mirada feroz y vocecita de eunuco Augusto Pinochet. El y sus conmilitones asesinaron a varios miles de chilenos, les expoliaron, robaron sus bienes e incluso se quedaron con los hijos de las mujeres embarazadas después de asesinarlas. Silenciaron las voces que reclamaban un reparto más equitativo de la riqueza social y pusieron en práctica la dudosas teorías socioeconómicas de la escuela de Chicago.
Han pasado treinta y seis años. Ha habido otros traumáticos 11 de septiembre, pero a mi me sigue doliendo Chile. Me sigue impresionando ver a Salvador Allende atacado por aviones y carros de combate. Me sigue conmoviendo escuchar “Te recuerdo Amanda”, canción de Víctor Jara a quien los milicos torturaron y cortaron las manos antes de asesinarle. Me sigue entristeciendo el compungido Rostro de Neruda viendo su casa y biblioteca asaltadas y quemadas por los militares
Fue Chile entero una “Santa María de Iquique”. Ganaron los de casi siempre. Los perdedores tal vez puedan depositar sus esperanzas en las palabras del último discurso de un hombre honesto que fue Salvador Allende:
“Colocado en el tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo y les digo que tengan la certeza de que la semilla que entregamos a la conciencia de miles de chilenos, no podrás ser cegada definitivamente. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasará el hombre libre para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! , ¡Viva el pueblo!, ¡Vivan los trabajadores! Éstas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.
A muchos les hubiera gustado que muriera batiéndose a tiro limpio, pero no lo hizo porque no era un hombre violento que quisiera hacer daño ni a sus propios enemigos. Después de ordenar a los pocos que quedaban a su lado para que depusieran las armas y salvaran sus vidas y ante la cercanía de las voces de los golpistas que le instaban a que se rindiese, se pegó dos tiros. Sus últimas palabras fueron: “Allende no se rinde, milicos de mierda”.



Chile 11 de Septiembre de 1973.

Tendría yo por entonces veinte años,
Una novia con cielo en la mirada,
Un futuro proyecto de futuro
Y un pasado de rezos y sotanas.

Allende era un político de izquierdas.
A Amanda recordaba Víctor Jara.
Neruda retirado en su Isla Negra
Sus versos y aventuras desgranaba.

Y de pronto llegaron los milicos
Con sus tanques, sus bombas y sus balas
Y sembraron de tumbas y de exilios
Las tierras de la esbelta araucana.

Rememoro aquel once de septiembre
Porque hay que recordar nombres y caras
De milicos traidores y felones
Y la sangre por ellos derramada.


Al para ver…

Les recomiendo que vean “La batalla de Chile”, un documental de Patricio Guzmán (está en la red) que debería proyectarse en las clases de historia de los institutos por aquello de que vale más una imagen…

martes, 23 de junio de 2009

¿SOY CULPABLE DE ALGO?


La Sra. Paca, madre de Dionisio (alias Manjarín), Arsenio, Elías, Pilar y Ángeles, era ya una mujer anciana cuando murió. Alguna de sus hijas me comentó que, a pesar de estar muy enferma, murió en su cama de una forma plácida, mientras a su instancia sus hijos e hijas rezaban el rosario en torno a su lecho. La de la Sra. Paca no fue una mala manera de morir, probablemente no deseaba morir, pero presentía el desenlace y lo aceptó refugiándose en la fe religiosa que practicó toda su vida.
Pero no todas las muertes son tan sosegadas ni aceptadas con plenas facultades. Hay gente que muere entre espantosos dolores, sin la conciencia de ser ella misma desde hace ya mucho tiempo o después de haber vegetado en su lecho durante años con la mente perdida. Mucha de esta gente hubiera deseado morir mucho antes, pero no la dejan debido a prejuicios culturales o religiosos. Ya hay quien jode bastante diciendo como tenemos que vivir y además impone como tenemos que morir.
Un tipo bien aposentado en la pirámide del poder compareció uno de estos dias ante un tribunal de justicia por haber hecho una denuncia contra varios médicos de la sanidad pública basada en acusaciones anónimas que resultaron ser falsas. Se les acusó a los médicos de haber dado matarile a enfermos terminales; lo que eufemísticamente se le llamó “mala praxis médica”. Ahora este atildado y repeinado funcionario público se sienta ante un juez para dar cuenta de la falsa denuncia. Pero ensoberbecido y altanero pregunta como un gallito ¿soy culpable de algo?. Sabe que ningún juez le va a condenar porque no, no es culpable.
No, no es culpable de haber acusado a unos cuantos médicos de mala “praxis”, eso lo hicieron denunciantes anónimos muy preocupados porque se estaban cometiendo “asesinatos” con enfermos terminales. No, no es culpable de haber enjuiciado y acusado falsamente a estos médicos y sanitarios, eso lo hicieron sus propios colegas, celosos de que no cumplieran con el juramento hipocrático. No, no es culpable de la persecución sistemática y personalizada desde los despachos del poder, que el ostenta, sobre los que tienen una ideología y una visión de la vida diferente de la suya. El solo cumplía con un deber funcionarial. No, no es culpable de torpedear una de las mejores sanidades públicas del mundo, con una mayoría de magníficos y competentes profesionales, y que además es gratuita, en beneficio de una sanidad privada cara y poco eficaz. Eso son solo suposiciones. No, no es culpable de que cientos de enfermos terminales mueran rabiaos entre la desesperación y el sufrimiento porque a inoculado el vacilo del miedo en la profesionales de la sanidad y ya nadie se atreve a sedar a un enfermo desesperado por el dolor. El solo cumple las reglas.
Coincidí con ella llenando la barrila en el caño público, tenía entonces ochenta y tres años y me hablaba de la cansera de vivir, aunque aún era autónoma y tenía una salud relativa. Reconocía tener muchos años y casi se disculpaba por haber vivido tanto pero, confesaba “la vida es muy amable”. Ahora tiene más de noventa años y está internada en un aparcadero de ancianos al que llaman residencia. Ya no me conoce, ya no conoce a nadie, ya no se conoce a sí misma. Desparramada en una silla de ruedas, plagada de yagas, transida de dolor y con la mirada perdida ni tan siquiera espera la muerte, porque ya nada espera. Pensando en ella soy yo quien espero que cuando me llegue el momento haya un profesional, a ser posible de la sanidad pública que para eso la pago, que me de el pasaporte de forma indolora. Morir no es fácil y hay muchas formas de morir, pero ni quiero que me condenen a vivir a como un vegetal ni a morir rabiado como un perro. Desde que nacemos siempre hay gente que nos quiere obligar, y a veces lo consigue, a como tenemos que vivir. Ahora viene este repeinado discípulo de Goebbels a obligarnos a como tenemos que morir. Y con todos los respetos le digo que solo me iré a tomar por retambufa si es de mi gusto.



EL ULTIMO DESEO.

No soy especialmente vanidoso,
Ni espero que la impronta de mi marca
Dejará más huella que en la charca
Deja el agua que cae un día lluvioso.

Deseo pasar al último reposo
En la hora señalada por la parca
Con Caronte al remo de su barca
Celebrando un momento fastuoso.

Lo ideal sería embarcar con el cortejo
De una hembra que sea jacarandosa
Fundidos en mortal y estrecho abrazo.

Me llamarán mis fámulos pellejo
Y dirán con envidia maliciosa:
¡Con que gusto ha palmao el cabronazo!


Algo para leer….

30.- Martes con mi viejo profesor de Match Albom. Un libro que debería tener todo el mundo como libro de cabecera para releer de vez en cuando porque nos enseña a disfrutar del diario vivir y aprender a morir.

31.- El queso y los gusanos de Carlo Ginsburg. De lo peligroso que es pensar y aún peor si se hace cuando existen totalitarismos teocráticos.

domingo, 10 de mayo de 2009

ELOGIO DE LA VAGANCIA



Mi primo Froilán solía distinguir entre vagos, a secas, y vagos con conocimiento. Nunca creí que la diferencia necesitase una aclaración y personalmente nunca se la pedí aunque me inclino a pensar que al vago con conocimiento podríamos definirlo como aquel que sabe lo que no quiere hacer.

Al vago con conocimiento no es que no le guste el trabajo, que no le gusta, lo que de verdad no le gusta es la obligación de trabajar. En caso de extrema necesidad remolonea y deja que lo haga otro más capacitado, auque le tilden de inútil o precisamente buscando que le coloquen el sambenito de inútil a perpetuidad.

Durante siglos, esos que viven del altar, inculcaron la idea de que el trabajo es un castigo divino. (Génesis 3,19) y por si acaso alguien lo ponía en duda lo apuntalaron con aquello de que “el trabajo dignifica al hombre”. Esta es una magnifica idea que les ha venido bien a cualquier tipo de orden político, desde los llamados democráticos hasta los de cualquier dictadura llámese teocrática, militar o seudo comunista. El colmo de la burla estaba escrito a la entrada de los campos de concentración nazis con enormes carteles que decían el trabajo os hará libres. Y tanto, libres y hechos polvo.

Pero la naturaleza humana es tozuda y en cuanto a cualquier mindundi se le deja libertad para pensar y actuar, se vuelve protestón y cuestiona lo incuestionable. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo, que cada vez hay más gente que le da por pensar que tanto trabajar ¿pa que?. Esta idea expandida es mucho peor que la gripe de la peste porcina y habrá que atajarla cuanto antes.

El peligro del vago con conocimiento no es que no trabaje, sino que trabaje lo justo para ir tirando. A veces el vago con conocimiento parece que tiene una incesante actividad, y efectivamente la tiene, pero con el agravante que hace lo que le sale de los tutos y esto es intolerable para cualquier régimen político, incluso para al capitalista.

Podría poner varios ejemplos de vecinos de esta villa con el síndrome de vagos con conocimiento, pero como quiera que algunos se iban a molestar porque todavía no se han liberado de la idea de que “el trabajo es salud”, voy a dar dos o tres nombres de "sospechosos" de pertenecer al cuadro con el síndrome de la vagancia. Uno de ellos es Juanjo, el hijo de Froilanín (alias El Loro). Este es un caso perdido porque lleva el mal en los genes. Otro es Antonio (Alias Toño Vaca, alias Toño El Patrón). Este hombre parece que está siempre haciendo algo, pero que quieren que les diga, para mi un tipo que huye del horario como de la peste, que es capaz de tirarse treinta horas seguidas regando remolacha y mientras llega el agua y no llega tumbarse panza arriba en el surco mirando La Vía Láctea (Alias El Camino de Santiago, ¡hay que joderse!, ni las estrellas se libran del mote) pensado aquello de ¿de donde hostias venimos, que pedazo de mierdajo somos y a donde cojones vamos?, pues eso, que me resulta muy sospechoso de padecer el mencionado síndrome. Por último nombraré al director de esta página Felix (alias Ferretas). Este es de los que desde el primer momento de tener que ganarse su propio garbanzo empezó a currar con febril actividad las más variopintas ideas para librarse de currar y en ello sigue.

Ser vago en estos tiempos no es fácil y ser un vago con conocimiento, menos. Hasta los vagos más vagos tenemos que hacer frente a créditos e hipotecas y a la dura tarea de mal subsistir. Ser un vago con conocimiento es una filosofía de vida practicada por aquellos que piensan que si no hacen lo que quieren o no viven como quieren, al menos no hacen lo que no quieren o no viven como no quieren.


ELOGIO A LA VAGANCIA

No hay cosa que le de más repugnancia
A mi cuerpo tunante y jaranero
Que aguantar al cretino mensajero
Que hace del trabajo militancia.

Prefiero deleitarme en la vagancia
Dependiendo lo justo del dinero
Sin hacerme adicto o prisionero
Del curre desmedido o la abundancia.

Hay muchos que censuran mi actitud
Mientras tachan de vicio o de pecado
Aquello que detesto o que no hago.

Yo, por contra, lo tengo por virtud
Sabiendo que el cielo ya he probado
Siendo lo que soy, osease: un vago.



Algo para leer…

27.- Del paro al ocio de Luís Racionero. Un interesantísimo ensayo, por lo menos así me lo pareció, sobre el currelo y el no currelo.

28.- El Derecho a la pereza de Paul Lafarque.- Carlos Marx dale que te pego con El Manifiesto Comunista hablando de explotación y plusvalía y de pronto llega el tal Paúl a saludarlo y ya de paso se quiere trajinar a una de sus hijas. Y Don Carlos le dice que na de na, que le ve pinta de vago y que todo ha de hacerse sobre seguro y con papeles. Anda que no le costó a Paúl llevarla al catre. Pues si, Paúl consideraba que el currante además de percibir sus plusvalías debería de tener un tiempo para echarse a la bartola y parece que está idea no le parecía bien ni al Sr. Marx.

29.- Buenos días, pereza de Corinne Maier. Esta buena señora mantiene que ni por asomo te creas aquello de que tu empresa es una gran familia y que tú formas parte de ella. Si eres empleado siempre serás la chacha. Incluso osa predicar que “si trabajando no tienes nada que ganar, tampoco tienes gran cosa que perder si no das golpe”. Siendo, como es, economista y psicoanalista a lo mejor hay que pensar en hacerle caso. En la misma línea están Un vago, dos vagos, tres vagos de El Gran Wyoming donde se hace una extensa clasificación de los vagos y Adictos a la pereza de Alicia Misrahi Una buena e ilustrativa guía para gandulear.

Si por casualidad no te gustara leer siéntate a contemplar unos cuantos episodios de Los Simpson para aprender algo de esos dos perros que son Homer Simpson y su Hijo Bartolo

jueves, 30 de abril de 2009

EL CAMINO



Que se nombre a Villadangos como referencia geográfica en los múltiples libros que hay publicados sobre el Camino de Santiago no es raro, pero que se haga en un libro de lujo y de gran formato con la mayoría de sus páginas a todo color no deja de ser sorprende habiendo, como hay, muchos pueblos en el tradicional Camino que aventajan a nuestra villa con múltiples encantos. Así que mis ojos no daban crédito cuando me encontré a la iglesia de nuestra villa profusamente ilustrada en un libro de estas características.
La clave de tanto despliegue cromático (el libro le dedica diez páginas a todo color a León capital, cinco a Astorga y nada menos que otras cinco a Villadangos) me la dio su breve texto donde dice que al peregrino visitante le atendió “un cura afable”, que por entonces era Cesar. El autor del libro pasó por aquí un buen día, entabló conversación con el cura y el buen trato del clérigo y su buena disposición hicieron el milagro de tanto colorín, porque otra explicación no cave.
Cuento esto porque en cierta ocasión leí en el foro de esta página la opinión de alguien a quien no le parecía nada bien que los peregrinos se desviasen hacia Villar o Chozas en lugar de hacer el camino tradicional a través de nuestra villa. Por la misma razón de que todos los caminos conducen a Roma también conducirán a Santiago y el caminante elegirá el que mejor le parezca.
Nuestra villa está en el Camino porque es el lugar de paso tradicional, pero el mérito sería que no estando en el Camino hubiera que dar un rodeo para visitarla. Al caminante, al peregrino, al visitante, al turista hay que ganárselo. No se le puede considerar como a un anónimo portador de callado y mochila que hace su desembolso económico en la villa y desaparece. Cada visitante es único y como tal lo tenemos que tratar. Cada peregrino es un acopio de cultura, experiencias y vivencias que nos pueden enriquecer y nosotros tenemos que procurar dejar una huella en su memoria que les motive a transmitir a otros que no solo pasó por Villadangos sino que algo de Villadangos quedó en ellos. Al peregrino no lo podemos considerar como un mero valor económico, sino como un bien cultural que nos aporta algo y a quien algo aportamos. Y si no estoy en lo cierto que le pregunten a Froilán (alias Babaruso, alias Golondrino) que tiene en esto su propia experiencia porque creo que ha sido el único de la villa que con un par ha hecho el Camino desde Roncesvalles hasta Santiago de una tacada.
Si queremos que los peregrinos sigan pasando por el camino tradicional y cruzando por nuestra villa habrá que copiar, para empezar, las buenas maneras del cura Cesar. Adecentar el pueblo y que las casas estén bien acicaladas hace también lo suyo. Si además están adornadas con flores tan bonitas como las suele tener Chonina o Gila pues es un buen añadido. Podrían hacerse muchas cosas para mejorar el pueblo. Algunas son competencia de nuestros munícipes, otras están en manos de los vecinos a pequeño coste o coste cero. Para ello tiene que haber iniciativa, ganas e imaginación.


El Camino de Santiago

Por los campos y pueblos del Camino
Con la mente en el “campo de la estrella”
Recibe y a la vez deja su huella
En fugaz procesión el peregrino.

Hay quien busca la fe como destino.
Hay quien peregrina ya con ella
Y hay quien quiere que brille una centella
Mientras hace su largo andar cansino.

Peregrino que cruzas por Castilla
Andando y desandando sus caminos
En busca de la estrella allá en su ocaso,

Espero que al cruzar por esta villa
te lleves el calor de sus vecinos
Y nos dejes la impronta de tu paso.


Algo para leer…

24.- El Decamerón de Giovanni Boccaccio.- Unos cuantos muy divertidos y muy calentitos que no aburren a nadie.

25.- El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.- Una novela que apasiona. La película que dirigió Luchino Visconti basándose en esta novela es también maravillosa con una Claudia Cardinale pletórica de sensualidad y un Alain Delón que me gusta hasta a mí que no tengo nada de sarasote. Burt Lancaster en el papel de príncipe está que se sale.

26.- El camarada Don Camilo de Giovanni Guareschi.- Puede que se haya quedado un poco trasnochado pero las relectura de las aventuras del cura Don Camilo y el alcalde comunista Pepone a mi me siguen divirtiendo de lo lindo.

jueves, 2 de abril de 2009

DE PROCESIONES



Hará como un par de años caí, por casualidad, en Santa Marina del Rey uno de los días de la llamada Semana Santa. Por sus calles desfilaban en solemne procesión varios de los llamados “pasos” a hombros de los “papones”, escoltados por señoras con sus mantillas, peinetas y rosarios. El desfile iba presidido por los clérigos y autoridades municipales a quienes se les veía muy metidos en su papel. Mis ojos no daban crédito a tal boato y fervor religioso.
Otro tanto me sucedió en León capital el pasado año. Situado en los aledaños del llamado Arco de la cárcel contemplé desfilar una docena de pasos con sus correspondientes cofradías. Todos los participantes iban impecablemente vestidos en plan Ku-Kux-Klan, pero de morado. Ellas, con elegantes vestidos negros con bordados y calados que parecían de diseño. Muchos papones llevaban a hombros a sus más tiernos retoños vestidos de la misma guisa.
Sin duda mi sorpresa ante estas manifestaciones religiosas deviene de que soy poco procesionario, pero no dejo de ver con curiosidad a estas masas enfervorecidas participando en este gran teatro de religiosidad pública. Aquellos que pensábamos que la restauración democrática daría al traste con tanta exhibición de duelo, hemos tenido que rectificar. Las procesiones de la Semana Santa están más vivas que nunca, y no sólo en Andalucía, de honda tradición y de indudable atracción turística, sino en el resto de España donde tradición e imposición se confundían. Ahora hasta Santa Marina del Rey edita pasquines con sus procesiones como una atracción turística local.
Puestos a elegir procesión me inclino por la de Genarín, procesión poco ortodoxa que hace su recorrido por algunas calles de León capital en la noche del Jueves Santo. Quien quiera saber más sobre este santo laico, buscavidas, pendenciero, borrachín, amigo de putas, puteros y gente mal (bien) vivir puede echar un vistazo por la red o leerse el libro de Llamazares abajo cito. Quien piense que esta procesión es solo para pescar una borrachera va un tanto errado. Mientras las precesiones religiosas sacan en andas a sus cristos crucificados y a sus vírgenes compungidas que no recuerdan sino dolor y muerte, la procesión de Genaro es un canto a la alegría de vivir y la libertad de pensar.
Hace años que no asisto a las procesiones de esta villa. Las recuerdo aburridas y con poca sustancia. Lo más emocionante de todo aquel teatro era la procesión “del encuentro” que se reducía a la pantomima de tal entre un Cristo y una Virgen Dolorosa mientras el cura desgranaba paternóster. Nunca vi por aquí gente descalza o portando pesadas cruces o que se diera de latigazos en sus desnudas espaldas. Como sigamos así ni vamos a ganar el cielo ni vamos a ganar turistas.

Genarín.

Infausto fue aquel viernes de amargura
Que aliviando tu vientre en la muralla
Sufriste la envestida de un canalla
Conductor del camión de la basura.

Palmaste con el temple y la mesura
Esperada de un hombre de tu talla
Sin saber que la vida que se acalla
Colmaría de leyenda tu figura.

Perdiste, pellejero, tu pelleja
Ahíto de conejo y buen orujo
Destripado en la calle como un perro.

Como, quien nada tuvo, nada deja,
Te bastó con dejar tu solo embrujo
A una noche, la noche de tu entierro.

Algo para leer…

21 bis.- El Entierro de Genarín de Julio Llamazares. Historia de esos personajes que no se repiten y diversión a raudales.

22.- Rojo y Negro de Stendhal.- Me gustó, pero también es muy entretenido La Cartuja de Parma y un menos conocido ensayo Sobre el amor.

23.- Cándido y otros cuentos de Voltaire.- Los curas de mi época describian a este autor con rabo y cuernos. Decían que era un impío pero que a la hora de morir pedía confesión a gritos. Esto no debe de acercarse mucho a la verdad pero aunque así fuera a ver quien es el guapo que teniendo a la Parca reclamandote y a Caronte a punto de partir con tu alma al mundo del Letos no desea creer en lo que se duda o incluso se niega. Su Diccionario Filosófico es magnifico y para tomar en pequeñas dosis.

jueves, 5 de marzo de 2009

LA ESTACIÓN

Con la edificación del instituto y varias viviendas parece como que el barrio de la estación se hubiera acercado al pueblo. En otro tiempo la estación estaba lejísimos. Si había que tomar el tren para ir a León suponía su buena media hora larga de caminata hasta llegar allí. Franquear la laguna de la puente era un considerable obstáculo del que no te librabas de embarrarte hasta los tobillos. A continuación estaba la pedregosa cuesta y un camino de tierra entre tierras centenales. Siempre me pareció heroico el sacrificio que suponía para Rufino "Fino", el hijo de Godo, y los demás chavales que vivían en este barrio, el acudir todos los días a la escuela, sobre todo en los fríos días de invierno. Lo primero que se divisaba era el taller de Pepe "El Carrero" y ya entrando en la población, casi siempre desierta, y a la derecha el vallado de traviesas de madera terminadas en forma de pirámide con ese olor característico de los productos con que las impregnaban para evitar la corrosión y los xilófagos. Al final de la valla y a su izquierda estaba la cantina de Chelo, un pequeño habitáculo donde los ferroviarios se tomaban su refrigerio y los ocasionales viajeros esperaban la llegada del tren. Los trenes regionales no se retrasaban mucho pero los de largo recorrido, cual era el de Barcelona-Coruña podía tener un retraso de horas. Los viajeros entraban en el habitáculo donde Rey era el rey para preguntarle "¿Qué, cuanto retraso tenemos?". De vez en cuando pasaba un mercancías que estacionaba cansino en la vía de espera para que pasara otro más rápido y allí salía Rey con su gorra, su bandera roja y su silbato demostrando toda su autoridad y diciéndole al maquinista cuando tenía que poner en marcha aquella interminable fila de vagones de madera. Ir al barrio de la estación siempre fue para mí un viaje cargado de ilusión porque los trenes siempre me han fascinado. Es difícil expresar lo que se siente viendo acercarse a lo lejos a esa inmensa locomotora seguida de vagones, el trasiego de los viajeros subiendo y bajando, el jefe de estación ejerciendo de tal, el pitido de partida hacia el infinito de la interminable vía. Hay un revuelo de nostalgia por cada tren que se ve partir, aunque sea un mercancías. Esa magia de sensaciones solo la puede producir, al menos en mí, un lugar en esta villa: su estación.

sábado, 31 de enero de 2009

EL COCIDO EN VERSO.

Estaba tan contento creyendo que todo había salido bien y de repente veo que esto de la informática juega malas pasadas, así que repito el soneto que va debajo y que ha quedado mutilado con la falta del primer cuarteto. Ahí va y mil perdones por la repetición


Bien sea por hambre o por antojo
O por mero gozar de la pitanza
Pon chorizo y morcilla de matanza
Con garbanzos echados a remojo.

Si no quieres que el guiso quede cojo
Añádele tocino con templanza
De la parte del gocho que es la panza
Y magro de vacuno, que sea añojo.

Todo ello ha de ponerse a fuego suave.
Si le pones forraje, pon lo justo
Y casi al final de la cocción.

El caldo en abundancia será clave
Pa zamparse tres platos bien a gusto:
La sopa, la legumbre y la ración.